lunes, 1 de noviembre de 2021

Mujeres y Pandemia de María Laura Dargenton y Pablo Silvetti

 

La pandemia, causada por el Covid-Sars 19, como acontecimiento que nos atraviesa a todas y todos, a todxs, nos ha puesto de frente a las tres fuentes de malestar en simultáneo, aquellos 3 orígenes que en 1930 mencionaba Freud: el cuerpo, la relación con los otros y el mundo que nos rodea.


En las entrevistas realizadas por Cowap Argentina* con motivo del Día Internacional de la Mujer, Mariana Iglesias (periodista), Diana Galimberti (médica) y Nicole Becker (activista ambiental) ,representan y mencionan, describiendo con clarísima elocuencia la realidad actual de cada uno de esos territorios.

La naturaleza, parece desbordada, fuera de cauce: nos enfrentó a un virus, que en apariencia, no existía en nuestra especie. Algunas hipótesis sugieren que fue la manipulación del hombre sobre los recursos naturales un factor posible en generar la enfermedad que hoy ataca a toda la especie humana en el planeta. Lo cierto es que hay más interrogantes que certezas.

La humanidad pierde seguridad y protección, y el primer modo de cuidado en la pandemia es el aislamiento, que llevó al encierro y el distanciamiento de los cuerpos, limitando la circulación y el intercambio hacia el exterior, que además, se volvió peligroso. 

La concretud del “tapabocas” y  los dos metros de distancia convocan a reflexionar sobre lo paradojal en las relaciones con los otros: El cuidado y la salud de nuestro cuerpo, pasan a depender del cuidado que nuestro semejante tenga del suyo. 

La pandemia nos trajo preguntas... “Género y Pandemia”…
Ambos términos aluden a lo colectivo y general, y sin embargo están aquí, en un congreso de Psicoanálisis, que trata especial y justamente sobre aquello que se constituye como lo más singular de cada quien…
¿Género?¿Qué pandemia?¿la “otra” pandemia?...
¿Qué genera el género? ¿Qué genera la pandemia en los llamados géneros?
¿Género “y” Pandemia? ¿Hay un diálogo posible allí?...
¿Qué fronteras se cruzan al instalar el diálogo entre ambos términos y el Psicoanálisis? 

Al iniciarse la pandemia se propuso desde nuestra Asociación Psicoanalítica de Córdoba un dispositivo de consulta denominado “APC Disponible”, gestado en coordinación con APA y la Universidad Nacional de Córdoba. En aquel momento no imaginábamos que muchas de las consultas tendrían como trasfondo el diálogo entre género y pandemia….

Nos confrontó con límites, transgresiones y transformaciones en nuestra escucha.

Un analista que participó del dispositivo relata:

“…Se comunicó una joven de otra provincia, con 22 años y una niña pequeña, tiene fobia a salir a la calle no solo por el COVID 19, sino por el riesgo de encontrarse con su pareja que la amenaza. Pero también le da pánico volver a la casa de su madre, con quien vivía y quien solía cuidar de su hija, porque esa mujer convive también con un hombre violento…” 

Cuerpo en riesgo, por momentos violentado, un afuera peligroso que acecha, por momentos el peligro está más adentro que afuera, se desdibuja esa frontera.
En definitiva: “Casa Tomada” ,como el título del cuento de Cortázar.

Sabemos que en la convivencia constante y permanente suelen perderse espacios de genuina intimidad y se desdibuja la riqueza de un espacio exogámico.
Esto se acrecienta si sumamos factores que hacen a la cultura, la economía, la religión, es decir aquello que forma la realidad sociopolítica de cada una y cada uno.

¿Qué aporta el Psicoanálisis y nosotros, los analistas, para hacer del cuerpo, la casa y el mundo que habitamos lugares más seguros, menos violentos?

¿Con qué herramientas y conceptos contamos?

¿Estamos a salvo los psicoanalistas del riesgo de repetir discursos que insisten con posicionar a diversos sujetos por fuera, abyectos del sistema social y político?

Los femicidios son la expresión más atroz y extrema del Patriarcado, pero no es su única producción. Hoy no hay duda que nuestra cultura es patriarcal, heteronormativa y colonialista.
Allí nacimos, crecimos y vivimos también los psicoanalistas. Incluso aquellos que intentamos poner a jugar la idea de deconstrucción de algunos conceptos y normativas, recreando y poniendo en tensión ciertas posiciones... 

En tal sentido, es necesario repensar e interrogarnos, incluso desde la vulnerabilidad y dependencia de otros y otras, qué significa comprometernos, implicarnos como psicoanalistas reconociendo esta realidad actual y compleja que, especialmente. toca y atraviesa a muchas mujeres, niñas y adolescentes.
Respecto de nuestra posición ética citamos a Levinás que dice  “(...) la responsabilidad no empieza en mi subjetividad sino en la presencia del otro que me cuestiona y me devuelve la conciencia de mi ser (...)”

La idea de interrogar e interrogarnos, replantear y replantearnos, lleva implícita una apuesta: ¿Cuál?... ¿Cómo incluir en la currícula a lo largo de la formación de los psicoanalistas, un psicoanálisis con perspectiva de género? ¿Será posible? Creemos que es necesario.
Lejos de una ambición de colectivizar y masificar el tesoro central de la singularidad Inconsciente a dónde sólo llega la potencia psicoanalítica y su ética, significa mas bien animarse a  poner en tensión nuestros conceptos y aspectos teóricos que puedan estar imbricados en concepciones e ideologías de necesaria revisión, prestando especial atención a los acontecimientos que emanan de las vivencias de muchas mujeres que “llegan y no llegan a nuestros consultorios”… pero cuyas voces se hacen sentir hace tiempo, a veces incluso en su silencio, en todas las sociedades actuales, pero también y especialmente, en la nuestra. 

El género es una categoría ineludible.
Los Estudios de Género trabajan la construcción “social” de la subjetividad, la problematización de las llamadas relaciones de género en las que se incluyen las relaciones de poder que definen lugares sociales-económicos y políticos de hombres y mujeres, no sólo diferentes sino discriminatorios en detrimento de las mujeres, y estas construcciones se van entramando en la red subjetiva de cada quien. 

El Psicoanálisis, por su parte, tiene la enorme capacidad para considerar la subjetividad en su complejidad y riqueza, posibilitando el despliegue de los rincones más oscuros del alma humana. 

¿Por qué no cruzar los bordes y visitar territorios cuyas fronteras están cada vez más cerca de nosotras y nosotros, y que podrían enriquecernos en la manera de escuchar e intervenir como psicoanalistas?

La ética del psicoanálisis es la de la singularidad, del caso a caso, del “una a una”… Dicha cautela y prudencia no quita la mirada respetuosa y atenta de quien pide ayuda como puede.
Seguramente coincidimos en la importancia de las reglas fundamentales de la clínica psicoanalítica. Ahora bien… ABSTINENCIA NO ES INDIFERENCIA.
…¿podremos escuchar lo que decimos cuando hablamos, cuando pensamos a la mujer, al hombre, a lo femenino, a lo masculino, y sus significados? ¿Será ese nuestro desafío…? 

La situación actual nos invita a generar performativamente conceptos que puedan abarcar estas nuevas realidades que, más que nuevas, quizás hoy estén más visibles por expresiones que al modo de gritos, sí se escuchan...


Por qué grita esa mujer...  (Susana Thénon)


¿Por qué grita esa mujer?

¿por qué grita?

¿por qué grita esa mujer?

andá a saber 

  

“esa” mujer ¿por qué grita?

andá a saber

mirá qué flores bonitas

¿por qué grita?

jacintos margaritas

¿por qué?

¿por qué qué?

¿por qué grita esa mujer?

  

¿y esa mujer?

¿y esa mujer?

vaya a saber

estará loca esa mujer

mirá mirá los espejitos

¿será por su corcel?

andá a saber

 

¿y dónde oíste

la palabra corcel?

es un secreto esa mujer

¿por qué grita?

mirá las margaritas

la mujer

espejitos

pajaritas

que no cantan

¿por qué grita?

que no vuelan

¿por qué grita?

que no estorban

la mujer

y esa mujer

¿y estaba loca mujer?

 

Ya no grita

 

(¿te acordás de esa mujer?)

 

Susana Thénon (Buenos Aires, 1937-1990), La morada imposible. Corregidor. Buenos Aires. 2001. 


Susana Thénon fue poeta y fotógrafa argentina, nacida en 1935, cuya obra es compilada en tomos denominados “La Morada Imposible”, a través de los cuales deja traslucir la insuficiencia del lenguaje
para representar la existencia misma, de ahí un sentimiento de soledad, de un yo que no alcanza y se desordena en su afán de representar la figura del hablante, que se diluye inevitablemente.



María Laura Dargenton y Pablo Silvetti - Psicoanalistas en formación de APC


El devenir del movimiento psicoanalítico y su transmisión de Carla Tomllenovich

 

“Me parece que si la transmisión no cumple esta tarea de brindar elementos para que uno haga ciertos recorridos, aporte desde otros lugares y pueda pensar, entonces no hay transmisión, hay pedagogía. Y la pedagogía es una macana porque lo que hace es obturar el pensamiento”. Diana Sperling

 

Hoy nos encontramos con la necesidad de re-pensar los modelos de transmisión, tanto en la formación como en nuestra praxis, la cual se vio obligada a un armado diferente con cierta inmediatez para no desaparecer en el encierro de un aislamiento forzado. 

Fuimos arrojados a un pensar-otro y con otros frente a un escenario inédito,  habilitando la posibilidad de transformación o quedar en el intento de sostener lo establecido como una estructura dogmática, encasillada a la estrechez de la sola presencialidad, como única garantía de transmisión y solidez.

No hay cambios sin resistencias, no hay cambios si no nos permitimos encontrarnos en otros  contextos más allá del conocido, si no nos permitimos el encuentro con el “no saber”.

Cómo analistas en formación y nativos-residentes de un modelo puramente mediado por lo tecnológico ¿Estaríamos siendo testigos y protagonistas de la implementación de un modelo bisagra, un “entre” lo que había y lo que inevitablemente se tuvo que crear  para sostener la transmisión del psicoanálisis?

El 2020 quizás fue el inicio de transitar la formación con un modelo migrante, un modelo en tensión, dejándose atravesar por estas experiencias.¿Podríamos considerar esta transmisión  como suceso móvil y flexible que nos convierte en herederos mutantes en nuestro hacer con capacidad de reformular y relanzar un modelo que goce de lo mestizo?

¿El psicoanálisis estaría mutando siguiendo las huellas de las sociedades y las culturas  a  un nuevo paradigma que pone en jaque lo dado sin que esto implique una desaparición de aquello que forman los pilares necesarios de una formación y una praxis psicoanalítica?

¿De que manera se sostuvo el modelo psicoanalítico y su trasmisión? Los espacios virtuales fueron un modo casi único  de “estar” con otros, un modo de trasmisión posible del psicoanálisis y de entramado social que nos daba pertenencia y sostén con otros, sin certezas. El análisis personal, los seminarios  y la supervisión se mantuvieron a pesar de ciertas variancias, como esto que va “siendo”, propio de un acontecer donde la complejidad y yuxtaposición, se hermanan, y que será necesario subjetivar.

La virtualidad como posible encuentro parece aludir a un espacio no real, es un lugar-otro, diferente al fáctico,  que será ineludible poder re-significar. A este campo que hoy llamamos virtual, en otros momentos no le faltaron disidentes y unos pocos adeptos por ser pensado como una práctica no reconocida por el psicoanálisis. ¿Actualmente, estaremos asistiendo a un fenómeno en estado de desarrollo, legitimando el uso de la tecnología como  otro medio de encuentro que difiere del uso del diván o del cara a cara?

Podríamos pensar en los modelos como un anclaje con ciertas invariancias y variancias, otorgando consentimiento a los atravesamientos epocales, considerando al movimiento como invocante del pluralismo, no solo como concepto sino como representante de un salir al encuentro con lo extranjero. Encuentro con aquello que nos conmueve y conmueve nuestra práctica y que por momentos nos abruma de tanto exceso que es necesario acotar para no quedar atrapados en un hacer anodino y de pura fluctuación.

Y es aquí donde podríamos pensar el trabajo “con” y “en” la comunidad. Escuchar otras voces, tonadas  y lenguajes que nos sacan de nuestra propia casa, para arrojarnos a una especie de exogamia familiar - de aquello conocido, de ciertas perpetuaciones que nos ahorran temores e incertidumbres. Voces que atraviesan nuestros seminarios actuales y praxis, no solo en el abordaje comunitario, sino en la extensión territorial que nos permitió la incorporación de la tecnología.

¿Cómo tolerar lo distinto, lo incierto, aquello que se nos presenta como puro acontecer, que “nos agujerea las certezas” citando a un psicoanalista de la casa Mariano Horenstein.

¿Cómo legitimar la labor tan ardua que realizan los psicoanalistas al implicarse en los acontecimientos sociales e institucionales, perteneciendo a su vez, a esta trama?

 Para seguir citando a mis colegas de la casa, tomo como referencia al grupo que trabajo durante la pandemia bajo el lema “APC disponible”. ¿Cómo rescatar este lugar del psicoanalista inmerso en la comunidad y en las instituciones? Pareciera un lugar de frontera y por momentos de trinchera. Esta labor no puede ser pensada sin el sostenimiento de los lazos inter-institucionales que permiten dar respuesta a un entramado social que está en riesgo de perder su trama, de soltarse y de quedar sin las ataduras necesarias frente al desamparo.

¿Será el trabajo comunitario  y en instituciones una nueva dimensión que hay que instituir y legitimar en tanto praxis psicoanalítica ? Lo que quizás no podemos hacer, es decir que no es psicoanalítico, como nuestras prácticas actuales mediadas por la tecnología y la virtualidad. ¿Es nuestra “escucha” un instrumento de trabajo nómade al que podemos apelar en medio de la diversidad contextual?

 La dimensión comunitaria, no es acaso una acción humanitaria-hospitalaria en el decir de J. Derrida. El encuentro con el sufrimiento del semejante, no es ahí donde el psicoanálisis se reconoce en su “hacer”. Quizás hay muchas preguntas que requieren ser pensadas para encuadrar nuestras prácticas y no sentirnos que el abordaje comunitario e institucional nos convierte en “los parias” del psicoanálisis. Necesitamos  esa brújula que nos oriente en la regulación de la praxis, permitiéndonos establecer alcances y límites en este “hacer”, que no es un hacer improvisado, sino un montaje que va al encuentro con lo extranjero “lo otro”.

Carla Tomllenovich - Psicoanalista en formación de APC

Un psicoanalista...¿nace o se hace? por Mariela Errasti, Carina Gioacchini, Sofía Marioli, Elizabeth Hilal y Mariano Beas

Suponemos que un psicoanalista nace… ¡¡Con una neurosis!! No es suficiente, porque podría rechazarla y transformarla en parte de su carácter, sino una ¡buena! neurosis que desemboque, en el borde de su extravío a realizar una demanda, no sólo eso…sino a reconocer su implicancia en lo que le pasa…. después se hará; movido por la pulsión, alimentando por el anhelo de saber, mucho estudio y el deseo (enorme) de ser psicoanalista para sostener el análisis personal, el estudio, el compartir ¿mostrar? su práctica en las supervisiones, reconociendo que estas tareas no son becadas, sino realizadas en nuestras propias instituciones, que se sostienen con nuestros propios aportes. Tal es así que uno de nosotros expresa: “entrar a una sociedad de psicoanálisis es como contraer matrimonio…”

Por si esto fuera poco, esta particularidad, de nuestras asociaciones, que Ellenberger (1976, historiador del Psicoanálisis) dice: “La novedad más llamativa de Freud, fue la fundación de una escuela, según un patrón que no tenía paralelo en los tiempos modernos, pero que es una reviviscencia de las viejas escuelas filosóficas de la antigüedad grecorromana. Casi desde el principio Freud hizo del Psicoanálisis un movimiento, con su propia organización y casa editorial, sus reglas estrictas para los miembros y su doctrina oficial.” [1]

Para participar en aquellas antiguas academias, la pitagórica o estoica, implicaba poner la personalidad en juego con ritos de iniciación, formación, y ejercitaciones diferentes según la escuela. También esto sucede en nuestras escuelas, para desarrollar la función de psicoanalista, debemos poner en juego nuestra personalidad al modo de iniciación con el psicoanálisis didáctico.

Particulares escuelas donde uno se analiza, estudia, supervisa, crea teoría, en un movimiento intenso siempre con el juego de identificaciones y avatares transferenciales, no es menor este interjuego, ya que desde su temprana conformación terminaron en verdaderas efracciones:   Jung y Adler serán disidentes al pensamiento freudiano, se separarán   de IPA y fundarán sus propias escuelas, Klein- Anna Freud sostendrá luchas intestinas. Lacan quedará afuera por largos años, con estos datos, ¿Podemos suponer que la efracción es parte de la herencia y siempre una posibilidad?

Seguramente la respuesta podemos encontrarla en los principios de la transferencia.

TRANSFERENCIA EN LA FORMACIÓN.

Lacan toma al banquete de Platón, para teorizar sobre el significante transferencia. Podríamos definir al banquete como un dispositivo grupal, entendiendo al mismo con aquello que se disponía cuando no había un Psicoanálisis. Allí, menciona Lacan, está en juego el lazo social. Y es la transferencia un lazo de amor, ya lo decía Freud, un lazo articulador, pero también dijo que la transferencia podía ser la mayor resistencia. Es que ninguno deja pasar esa particularidad de que amor -odio no constituyen una polaridad, sino un tejido fluctuante entre ambos. Freud lo planteará como una lucha pulsional Eros- Tánatos.

 

Transferencia como lazo articulador - Vertiente amorosa -

Todos están invitados, a formar parte, cada uno lo hará desde su singularidad, y desde su transferencia al mismo. Allí está en juego la palabra y el trabajo. Tomamos la expresión de Lacan, “transferencia de trabajo”, para explicitar lo que entendemos como el trabajo entre pares. En una asociación, asociarse con-entre- otros, fomenta esa transferencia de trabajo, a la vez que la enriquece en parte por el intercambio simbólico que se realiza. Es lo que hacemos en este momento, hablar entre pares, acerca de lo que consideramos un Psicoanálisis, o por qué no, ¿Cómo llegamos a serlo?

Transferencia como lazo efraccionador  - Vertiente odio -

Hablar del amor, también es, hablar de las pasiones: rivalidades, envidias, celos, competencias. Es que, endogamia y transferencia, la identificación a cátedras y autores, son motores para la placentera tarea de estudiar, construir teoría, compartir experiencias, psicoanalizar, pero también la amenazan continuamente

Estos aspectos también operan, las pulsiones de muerte se caracterizan por interrumpir procesos, separar, anular, incluso atacar el deseo. ¿Será que estamos bordeando siempre en los oficios imposibles?[2]

 

Pandemia. De ausencias y presencias.

También en el devenir-se psicoanalista el contexto histórico incide en los procesos de producción/construcción. Surge el interrogante ¿Cómo formarse en Pandemia?

La pandemia ataca el lazo social, nos priva del encuentro, de crear junto con, del café, del estudiar con, las conversaciones de pasillos, las informaciones, nos priva de la presencia física nuestra y de los pacientes, ¿Priva de algunos actos? La pandemia pone a prueba las capacidades de resistencia: movidos por el deseo y la pulsión del conocimiento aquí estamos, y en nuestras propias asociaciones mantenemos seminarios, cursos, supervisiones grupales, con el recurso mínimo e indispensable: la escucha y el deseo de ser psicoanalistas.

 

Reformulando, ¿Cómo se hace o nace un Psicoanalista? nos conduce a replantearnos lo siguiente: 

En primer lugar, consideramos que un psicoanalista no nace, se hace… movido por el deseo de saber, empujado siempre por las pulsiones, e interpelado por una clínica singular que siempre nos desafía.

No es tarea fácil realizar la formación. Nos gusta pensarlo en una metáfora que exclama Heidegger (1951): “No habitamos porque hemos construido, sino que construimos y hemos construido en la medida en que habitamos, es decir, en cuanto que somos los que habitan.”

El significante Habitar, ligado a construir, expone un devenir-ser.  Al habitar llegamos, así parece, solamente por medio del construir. Éste, el construir, tiene a aquél, el habitar, como meta. Se entendería en la medida, a mi parecer, que mientras se construye se habita, y viceversa.

En síntesis, consideramos que hacen falta varios elementos o condiciones para que devenga un analista, en primer lugar, su deseo y pulsión de aprender, el contexto en el que se forma, los otros candidatos, la institución que aloja, el análisis didáctico, los seminarios, coordinadores y el resto de analistas que acompañan el proceso de formación, las miradas, las escuchas y las palabras, en el desarrollo de un pensamiento analítico único en cada uno de nosotros, así como es de singular y artesanal nuestra práctica.


Mariela Errasti, Carina Gioacchini, Sofía Marioli, Elizabeth Hilal y Mariano Beas - Psicoanalistas en formación de APC 

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Bibliografía:    

Heidegger, Martin: Construir, habitar, pensar. En conferencias y artículos. Edit. Odós. Barcelona. traducción de Eustaquio Barjau.1994.

 Freud: Sobre la dinámica de la transferencia 1912. Amorrortu editores. Tomo XII.

 

Freud:  Prólogo a August Aichhorn.  Amorrortu editores. Tomo XIX. Pág.296.

Lacan. Seminario 8.  Editorial Paidós.

Lacan: Acta de Fundación. Otros escritos. Paidós. Buenos Aires.2001.

Docta. Revista de psicoanálisis.  N15 Lazos sociales. 2020.

Henri Ellenberger: El descubrimiento del inconsciente. Edit. Gredos. 1976. Pág. 640.

 

 

 

 



[1] - El descubrimiento del inconsciente.  Henri Ellenberger. Edit. Gredos. 1976. Pág 640.

Efracción: fractura, rotura, quiebra.

[2]- En 1925 se publica el libro de un pedagogo, August Aichhorn, que se llamó “Juventud descarriada”. Freud le escribe un hermoso prólogo, donde dice: “Tempranamente había hecho mío el chiste sobre los 3 oficios imposibles- que son: educar, curar, gobernar- aunque me empeñé sumamente en la segunda de esas tareas.” Freud. Amorrortu editores. Tomo XIX. Pág.296.

  

jueves, 3 de diciembre de 2020

Un virus nos aísla, navegar es preciso por Mónica Chama

Atenas, año 429, una terrible peste está terminando y Tucídides escribe en su Historia de la guerra del Peloponeso: “ni el miedo a los dioses, ni el respeto de las leyes humanas contenía a ningún hombre”.

¿Qué decir hoy, cuando una nueva plaga parece subvertir todo orden?

Viejas preguntas y antiguos miedos reaparecen en nuestro horizonte. Incertidumbre, ansiedad, desamparo... son las sensaciones que dominan este tiempo inquietante, que vivimos no sin angustia.

No me propongo escribir un tratado sobre las pasiones, sino conjurar algunos saberes que se han establecido como dogmas.

Mi propuesta es desafiar el discurso de la tecnocracia y su pretensión de reducirnos a “un cuerpo amenazado”, sólo contorneado por la biología. Mi propuesta es hacer lugar a esos sentimientos que ésta pesadilla ha desatado, alojarlos, interrogarlos, mirar a los ojos al afecto que no nos engaña.

De otro modo, y negando nuestros brillos y opacidades, nuestra espesura humana, nos encontraremos cada vez más violentos y hostiles, sin comprender qué nos irrita, qué nos enoja..., que también son las sensaciones de estos tiempos.

Un virus ha puesto al mundo en estado de máxima alerta.

Su irrupción ha dejado a la humanidad a la intemperie, abatió ideales y certezas y nos dejó sin brújula ni horizontes…. “Andamos descaminados”, -como acuñó Freud en sus Consideraciones sobre la guerra, en 1915.

Efectivamente, un microscópico agente infeccioso ha desafiado a la ciencia que, de forma precisa e impostergable busca derrotarlo con urgencia. Y la pandemia ha desafiado a los gobiernos, y no son pocos los que, con la mirada de la biopolítica, han convertido derechos ciudadanos en obligaciones que han de ser cumplidas a cualquier precio, como si ello no tuviese costo.

Sin duda, hay un campo de acción en el que el conocimiento científico comanda las acciones. La biología, la epidemiología, el terreno del desarrollo del virus y contagio de la enfermedad...la vacuna – y de su mano un imaginario futuro sin riego-. Allí rige el saber de la ciencia. Ese es su ámbito.

Pero el “coronavirus” se despliega también en otro campo: el campo del fenómeno discursivo que la peste ha puesto en marcha. Ese es el terreno que intento transitar en este escrito. 

Y si digo discurso digo subjetividad, digo inconsciente.

Porque aún antes, desde el alba... alguien pronunciaba nuestro nombre.  Sí, llegamos al mundo inmersos en el universo del lenguaje que nos preexiste y nos constituye. 

Universo que moldea también nuestra subjetividad, conformada en torno a los significantes que la época promueve. Campo discursivo donde se entrecruzan determinados fantasmas colectivos, ideales sociales, acuerdos simbólicos y motivos caprichosos de placer y sufrimiento,[1]

Hoy, pandemia, cuarentena, portador, sospechoso, contagio, distancia social, aislamiento, tapaboca, conforman una apabullante secuencia metonímica comandada por el amo del sentido de la actualidad: “coronavirus”.

Expertos y gobernantes nos alertan que el virus se contagia fácilmente y que nadie puede sentirse a salvo. Precaución tras precaución, transcurren los días con un horizonte en el que “lo peor está por llegar”.

Sin embargo, nadie nos alerta acerca de la coagulación de sentido que el discurso de lo catastrófico ha viralizado.

Un discurso que no sólo da a ver impúdicamente conteos, comparaciones, olvidos y fracasos, sino que esgrime prevenciones y prohibiciones que suponen a la razón como guía del destino del humano.

Entonces, atónitos ante la explosión de explicaciones que replican sin cesar el llamado a la conciencia y la voluntad, vemos emerger al Bien como rector de todo acto.

“Quedarse en casa por el bien de todos”, “no tener contacto físico con quienes amamos por su bien y el nuestro”, taparnos la boca, controlar y denunciar a los “descarriados” ... y como si esto fuera poco “quedarnos sin rituales”, por nuestro bien... obvio.

Ritual, ese fenómeno exclusivamente humano que conjura el dolor, que inicia el duelo por lo perdido, que despide un tiempo...Rituales de paso: egresados, despedidas... y, entre ellos, el rito funerario -inscripción de la muerte en la memoria- su imposibilidad fue, tal vez, el mayor horror de este confinamiento. ¿El mayor acto de deshumanización, que se supone sin consecuencias?

Y quiero citar a Diana Sperling, una filósofa argentina cuyo pensamiento considero ineludible y quien, sin duda, ha enriquecido mi mirada en muchas ocasiones, ésta es una de ellas. 

En su escrito “Viejas y nuevas pestes” recuerda que, en 1909, Freud había sido invitado a Estados Unidos a dictar una serie de conferencias y, antes de desembarcar dijo: “No saben que le traemos la peste”.

“Esa peste, claro, era el psicoanálisis. Un cuerpo extraño que seguramente produciría rechazo en el organismo americano, tan orgulloso de su saber, tan convencido del valor de la voluntad y del yo “empoderado”.

En medio de esa jactancia, la creación freudiana venía a traer la duda y el malestar. 

Verdadera revolución que osó anoticiarnos que el sujeto ya no será el del dominio de sí y la consciencia.... sino el del inconsciente, ese extranjero que habita en nuestra propia casa.

Herida narcisista difícil de digerir por el soberano Yo, ese del “conócete a ti mismo y dominarás el mundo”.

Y mal que les pese a muchos, el ser humano no puede ser reducido a sus determinaciones orgánicas; la física y la química, la probeta y el microscopio lejos están de dar cuenta de nuestra complejidad y nuestros claroscuros”.[2]

No somos una “tropa biológica”, somos una comunidad afectada, de muy diferentes maneras, por una inquietante situación de excepción, que lamentablemente parece normalizarse.                                                                                                                                      

Y, ni la pandemia, ni la cuarentena, nos afecta a todos por igual.

Hay un movimiento que se despliega entre la incidencia de lo traumático en lo particular de cada quien y la pertenencia a ese colectivo dominado por la incertidumbre.

Acerca de los efectos particulares no tengo nada que decir, habría que escuchar a uno por uno.

Pero sí me pregunto por las consecuencias subjetivas    del desconocimiento de las pasiones, en este nuevo paradigma que los poderes van delineando.

De la negación de los afectos que desatan sus decisiones.

De la negación de la eficacia pulsional -negación que el creador del psicoanálisis ligaba a la hipocresía- exhortando a ser más sinceros, “dejar más espacio a la verdad y hacer que nuevamente la vida nos resulte más soportable”[3].

¿Pero cómo hacer un espacio a la verdad?

Creo que hay que subvertir el orden, dejar de correr el límite esperando lo peor, y tener coraje: arriesgarse a salir del Pandemónium y cruzar el Aqueronte dejando atrás el “imperativo virológico” -señalado por el pensador alemán Markus Gabriel-.

Y en esto quiero ser clara, no propongo un desacato. Ante el peligro de la peste hay que prevenirse, cuidarse, y cuidar al otro.

Propongo el amor ante el espanto.

Sé que no es fácil, porque la insistencia de los poderes en magnificar la eficiencia de lo ya conocido, en buscar garantías en cálculos y costos-beneficio y en seguir olvidando la imperiosa necesidad de fortalecer el lazo social como único camino hacia un “nosotros” comunitario hizo que nuevamente se subestimara el valor de aquello que nos hace verdaderamente humanos: el amor hacia el otro, en todas sus variantes.

Así, en algunos países se recurrió a órdenes, mandatos y culpas, olvidando los ejemplos en los que se llamaba a la responsabilidad, y que resultaban exitosos.

En nuestro camino no olvidemos que las consecuencias económicas, políticas, éticas y aún las subjetivas, no pueden ser pensadas al margen de cada escenario particular. No hay “consecuencias” estandarizables.

De lo contrario estaríamos cayendo en aquello que criticamos, la estandarización, la categorización, la respuesta placebo, el calmante oportuno.

Por eso, lo que digo con el poeta es, “navegar es preciso”. [4]

Navegar es recuperarnos “en la pandemia…en el confinamiento” ...

Navegar es deslizarnos por sobre el encierro discursivo que supone nuestra razón como fuente de posibilidad para el “manejo” de la adversidad... y permitirnos dar lugar a los sentimientos que afloran, abrazarlos, alojarlos..., habitar la angustia, la incertidumbre, los miedos.

Hacer agujero de sentido en la retórica catastrófica y arriesgar otra mirada.

Así podemos leer, por ejemplo, a los tantos italianos o españoles, haciendo música en los balcones, en el tan mentado “paseo del perro”, -que se prestaba para que todos salgan-, en aquellos argentinos proyectando dibujos en las paredes de los edificios cercanos….  maneras de inventar cómo hacer sociedad juntos, cómo hacer un lazo que no sea mortífero. Como dejar nuestra marca personal frente a lo común que nos aúna.

Que el miedo no nos haga callar, que el horror no nos deshumanice.

Finalmente llegará el momento en que una vacuna nos liberará del virus.

No hay vacuna contra el inconsciente.

Ante lo que nos toca, no claudicar en nuestro deseo... y hacer... lo posible.

 

Mónica Chama

Psicoanalista

Presidente del Consejo de la Mujer del Instituto Internacional de Derechos Humanos- América

 



[1]     López Héctor, “Soportar la vida” en “Psicoanálisis un discurso en movimiento” 1994

[2]     Sperling, Diana “Viejas y Nuevas Pestes”, Diario El Litoral, 3 de octubre de 2020.-

[3]     Freud, Sigmund “Consideraciones de actualidad sobre la Guerra y la muerte”, 1915

[4]     Poema de Fernando Pessoa.


jueves, 19 de noviembre de 2020

Arrogancia y Estupidez en los tiempos de la Pandemia por Dra. Hilda Catz PhD

 “Nos gusta pensar que nuestras ideas son una propiedad personal,

pero a menos que hagamos nuestro aporte en beneficio del resto del grupo,

no es posible movilizar la sabiduría colectiva que podría impulsar

 el progreso y el desarrollo”

Bion(1975)(p.112).

 

 

Introducción

Me propongo en este trabajo intentar hallar en algunos de los  aportes de Bion,  quien posee la experiencia de haber participado  tanto en la Primera como en la Segunda Guerra Mundial, elementos que nos ofrezcan la oportunidad de transformar en pensamientos la crisis civilizatoria darwiniana del siglo XXI que estamos atravesando.


Nos hallamos ante la peste de la abundancia de informaciones  y la literalidad de los acontecimientos que alimentan una curiosidad voraz al servicio de  la arrogancia y la estupidez, que consideraré desde la perspectiva de la conceptualización de Bion (1957-59), en el sentido de que  no promueven el conocimiento sino, al contrario, su negación y desmentida.


Pudimos observar este fenómeno en todos los ámbitos, del político al científico, en los comienzos de esta Pandemia, donde algunos se atribuyeron la arrogancia de las certezas sobre algo desconocido, la omnipotencia y su inevitable consecuencia en la estupidez de las declaraciones y discursos que escuchamos.  En efecto, aparecen en referencias dispersas y alejadas unas de otras, en el discurso, y evidencian la prevalencia de aspectos psicóticos de la personalidad velados que evidencian un desastre psicológico.


Como dice Gluksmann (1981) “Si la estupidez no se diera aires de inteligencia, no engañaría a nadie, y la vanidad de sus comedias quedaría sin consecuencias” Pero tuvo trágicas consecuencias.

 

Desarrollo


Estamos ante una catástrofe, palabra que deriva del griego katastrophe de dimensiones insospechadas y, podría decirse, sin precedentes, que permitan contener la fuerza devastadora de sus consecuencias.


Bion (1970) trabajó mucho estos conceptos, y decía que cuando un hecho nuevo se acerca a la mente de un individuo, un grupo, un pueblo o de un estado se aproxima una Catástrofe o un  Cambio Catastrófico, que podría llegar a ser un cambio en el sentido de la evolución si ese hecho puede ser albergado para que evolucione como crecimiento mental.


En épocas de la Peste como la que estamos viviendo, la posibilidad de transformar la Catástrofe en un Cambio catastrófico habilita la perspectiva de la esperanza, como decía Pichon Riviere (1971) “en tiempos de incertidumbre y desesperanza es imprescindible gestar proyectos colectivos desde donde planificar la esperanza junto a otros”. Es necesario resistir y soportar la turbulencia, la violencia física y psíquica que implica la subversión de los valores de lo ya conocido que arrastra esta especie de Tsunami viral, y no desmentir ni desconocer sus trágicas consecuencias. Bion (1994) nos decía que hay dos cosas de las que un analista no puede  olvidarse: “la sociedad en que vive y lo obvio o sea  el sentido común” (p. 42).


Esta apocalíptica pandemia de coronavirus nos ubica frente a nuestra vulnerabilidad,  el miedo, las pulsiones más primitivas que impone el aislamiento, y el darwinismo de elegir a los que van a vivir en esta crisis sanitaria del siglo XXI. Nos vemos obligados a atravesar el duelo por lo que ya no podrá ser igual, y por el hecho de que mucho de lo que antes valía ahora puede no servir y volverse en contra.


Por ejemplo, el otro empieza a ser alguien de quien hay que resguardarse, un desconocido temido del que hay que aislarse, donde incluso los que se consideran amigos pueden transformarse en enemigos, y lo familiar en siniestro por el peligro del contagio. Se movilizan de esta manera angustias profundas que irrumpen en el mundo interno  potenciadas por el mundo externo que se ha vuelto atemorizante.


Tratar de atravesar el corte que provoca esta Pandemia con todo lo conocido, lo valorado, lo amado y vivenciado como propio de lo humano, nos demanda el coraje de poder ir aceptando nuestra fragilidad y vulnerabilidad humana, armando continentes como modelos conjeturales, absolutamente descartables.

De esa forma, se trata de sostener la invariancia que hay en toda posibilidad de Cambio en el sentido de la evolución, del crecimiento mental que desde esta perspectiva  se apoyaría en la invariancia de la mirada psicoanalítica, como un continente para pensar lo impensable pese a la incertidumbre de  lo que estamos viviendo.


Bion (1970) advierte que cuando no se puede atravesar ese puente a lo desconocido en pos de un cambio catastrófico, o sea en el sentido de la evolución,  que implica una elaboración de duelos por lo que fue y lo que pudo haber sido y no fue,  es cuando el futuro en vez de estar lleno de deseos, está lleno de recuerdos y es el pasado el que esta poblado de deseos. Se produce entonces lo que llama la fusión nostálgica, que no permite que el futuro esté lleno de deseos, sino que está congelado en los deseos de un pasado que por supuesto nunca podrán realizarse por lo que el futuro quedaría  lleno de recuerdos y el pasado lleno de deseos que paralizarían  la evolución mental.


La propuesta podría ser dejar de lado las preconcepciones y prejuicios del pasado que empañan la mirada hacia lo “por-venir” del porvenir sin desconocer su profunda gravedad e imprevisibles consecuencias. Tolerar la incertidumbre, la falta de certezas,   y la duda como formas de preservar la salud mental, aun y con más urgencia en el medio de la tormenta, que nos enfrenta con lo impredecible de nuestra fragilidad psíquica, social y política.


Algunas Conclusiones


Este trabajo trata de hacer  una reflexión vinculada al riesgo que implica la exacerbación de las posicionamientos fanáticos, omnipotentes, arrogantes y la necesidad de promover la posibilidad de generar afectos e intimidad mediante los vínculos y los lazos humanos que los acompañan. Sabemos que  la presencia del otro, del semejante es fundamental en el proceso de constitución subjetiva, así como también  en las situaciones de crisis y catástrofes que tanto intimidan y donde aparecen con toda su fuerza las necesidades de apego y protección, buscando tramas que alberguen  lo público y lo íntimo.


Nos hallamos ante la necesidad de crear teorizaciones y prácticas ligadas a lo que la subjetividad y la sociedad presenten, de delinear modelos conjeturales y descartables, para teorizar y transformar estas nuevas formas de vincularse. Poder hacer un pasaje del exilio obligado de dejar de encontrar-nos hacia el éxodo elegido de nuestras propias búsquedas internas para descubrir nuevas formas de seguir habitando nuestros territorios vinculantes donde la incertidumbre es una de las formas de lo posible.


Se subraya con mayor evidencia que la existencia del psicoanálisis dependerá de su capacidad de transformación en un mundo que cambia y también cómo y en qué dirección nos cambia, donde las resistencias desde el interior mismo del psicoanálisis pueden impedir el surgimiento de lo nuevo, aislándolo de otras disciplinas o de la sociedad.


Puede decirse que estamos ante una crisis en los modos de ser de los psicoanalistas, donde todo o casi todo cambia o puede llegar a cambiar; pero no con una crisis del psicoanálisis en sí mismo, sosteniendo la mirada psicoanalítica  en una urdimbre entretejida de esfuerzos que vinculan.


Tratando  de que no se aplane la curva de la subjetividad ya que  todos pasamos fácilmente a ser huéspedes de un virus incontrolable, un número que anula  la singularidad, el caso por caso motor de la dinámica psicoanalítica,  donde hasta la muerte se deshumaniza pasando a ser una  muerte anónima.


Nos encontramos  como dice Recalcatti (2020) con un imaginario que  fue colonizado por lo real, y la angustia por la pérdida no es como en la  depresión clásica, sino que invierte el futuro donde el objeto perdido es el mundo tal como lo conocíamos hasta ahora. Considero que se subraya de esta manera el peligro de la arrogancia que niega la existencia del virus, donde la supuesta celebración de la  vida, paradójicamente, se presenta como una de las  formas  de la afirmación de la pulsión de muerte, desmintiendo  la castración y  la inevitable presencia y convivencia con el virus por tiempo indeterminado y su probable recidiva. 


A lo que se agrega el riesgo de que permanezcan indelebles los duelos, pérdidas y  ansiedades padecidos pero no sentidos en toda su dimensión, que podrían tener desenlaces imprevisibles para la salud física y mental actual y futura tanto de los pacientes como de los analistas.


La propuesta sería poder superar  nostalgias y añoranzas del pasado y del presente que impiden que lo obvio de la pandemia  nos implique en una ineludible relación de dolor. Tratar de ir  modificando la angustia en lugar de evitarla mediante la estupidez y la desmentida de este pasaje acelerado desde una condición de omnipotencia en la ciencia, la política, la economía, a la impotencia y a un estado de perplejidad difícil de sobrellevar que podría deslizarse fácilmente  hacia la creación de dogmas o ideas fanáticas que conducen por  una senda irreversible.


No hay que olvidar tampoco que ante una amenaza frente a la cual no hay fuga posible, puede exacerbarse el predominio de los aspectos psicóticos de la personalidad –  sea de un grupo, de una sociedad, etc. – que se detectan bajo la forma de elementos dispersos en un discurso  referido a la arrogancia y la estupidez, donde la arrogancia se erige omnipotente en el lugar de la carencia.


Cuando a Hanna Segal (1987)  se le pidió su opinión acerca de lo que el futuro depararía para el psicoanálisis, mantenía la idea de que era fundamental continuar prestándole atención al poder de la parte psicótica de la personalidad, tanto en el paciente, como en la mente del analista y en el mundo socio-político. Decía que “Los psicoanalistas hemos de ser neutrales en nuestro trabajo en el consultorio, pero no neutralizados por las situaciones sociales”. Apelaba, así, a la responsabilidad y al compromiso público que tenemos como profesionales y ciudadanos,  en su valioso artículo de 1987 “El silencio es el auténtico crimen”.


Y en este sentido de la interrelación entre el psicoanálisis y el mundo socio-político,  quisiera relatarles un hecho paradójico que considero que posee una fuerte potencialidad simbólica. Se trata de una frase de Segal, H. (1991) que fue utilizada en un ámbito totalmente inesperado y sin que la propia autora tuviera conocimiento de ello, cuando se lanzó una convocatoria para presentar proyectos para construir un mural después del ataque terrorista en Nueva York el 11 de septiembre de 2001 pensado para simbolizar la continuidad de la vida después de la destrucción.

 

 “Es cuando nuestro mundo interior está destruido,

muerto y carente de amor

y cuando nuestros seres queridos se vuelven fragmentos

y estamos inmersos en una indefensa desesperación,

que debemos crear nuestro mundo otra vez,

juntando nuevamente las piezas

infundiendo vitalidad a los fragmentos muertos

para recrear la vida”

 

 Bibliografía


Bion, W. F. (1957-59) “Volviendo a pensar”. 4ª ed. Buenos Aires, Hormé, 1977.

 --------(1966) Aprendiendo de la experiencia. Buenos Aires,  Paidós, 1974

 --------(1970) Cambio catastrófico. Revista de Psicoanalisis,Vol.38,Nº4, 1981

---------(1977) La Tabla y la Cesura, Gedisa, Bs Aires.

---------(1994) Cogitaciones,  PROMOLIBRO. Valencia, 1994.

Catz, H. (2020). Environmental crisis and pandemic. a challenge for psychoanalysis. Frenis Zero Press.

Catz, H y colaboradores  (2020)Las redes de los humano, lo humano de las redes” Trabajando en cuarentena y en la Post-Cuarentena” Vergara editorial, Bs.Aires

Catz, H y colaboradores (2020). Trabajando en cuarentena y en la post-cuarentena en épocas de la Pandemia. Transformaciones e invariancias, Vergara editorial, Bs. Aires

Catz, H y colaboradores (2020). Psicoanálisis de Niños y Adolescentes, trabajando en cuarentena en tiempos  de la Pandemia,  Vergara editorial, Bs. Aires.

Catz, H.(2019). Tatuajes como marcas simbolizantes, la relevancia clínica de los tatuaje para el procesos Psicoanalitico”, Vergara Editorial, Buenos Aires.

Gluksmann, A. (1981) Cinismo y Pasión, Gallimard, Paris.

Pichon-  Riviere E. ( 1971 ) - Del psicoanálisis a la psicologia social . Buenos Aires , Galerna ; 1971,342

Recalcatti, M. (2020) Simposio de la Asociación Psicoanalítica Argentina, Buenos Aires.

Santamaria, J.(2020) “Momentos y Cesuras en la experiencia del Covid 19” en Catz, H. y colaboradores (2020): Las Redes de lo humano y lo humano de las Redes, p.253

Segal, H. (1991) 'A psychoanalytical approach to aesthetic' ['Enfoque psicoanalítico de la estética'].

Segal, H. (1987), “Silence is the real crime”, International Journal of  Psychoanalysis, núm. 14, pp. 3-12.

 Dream, Phantasy and Art [Sueño, Fantasma y Arte] (1991), Psychoanalysis, Literature and War [El psicoanálisis, la literatura y la guerra] (1997), y Yesterday, Today and Tomorrow [Ayer, hoy y mañana] (2007).

 

   Dra. Hilda Cats PhD

 

  Psicoanalista – APA

  Miembro titular en función didáctica de la Asociación Psicoanalítica Argentina

 Coordinadora  del Departamento de Niños y Adolescentes de la Asociación Psicoanalítica  Argentina "Arminda Aberastury"